El Viaje de la Doncella

Finalmente llega a la Argentina la biografía no oficial de Iron Maiden que incluye una crónica completa de la historia del grupo actualizada hasta el presente, fotos, discografía y declaraciones inéditas
de los músicos.

Los comienzos, la historia, el mito, la pasión de su público, los miles de conciertos, el volumen, su eterna mascota Eddie, los álbumes, los desencuentros, los solistas, la reunión, el poder y la gloria... Todas las alternativas de una aventura que aún no ha terminado en un libro que recorre y analiza la carrera de uno de los grupos más institucionales del rock duro y las circunstancias que rodearon su ascenso y permanencia en la cima de la industria musical contemporánea.

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Fragmento del libro:

CAPÍTULO 16
CATACLISMOS

En marzo de 1993, Bruce Dickinson anunció, para sorpresa del mundo metalero en su conjunto, que abandonaba Iron Maiden. ¡Quién lo hubiera dicho después de observarlo tan metido en la gira de “Fear Of The Dark”!... ¿Acaso estaba quemando los últimos cartuchos de entusiasmo antes de abordar una decisión tan trascendente? Cualquiera habría apostado que los álbumes solistas, su afición literaria, la esgrima y el resto de sus actividades fuera de la banda no eran más que pasatiempos de un artista que con Iron Maiden tenía sus expectativas cubiertas y la vida resuelta.

Si los datos no mienten, Bruce comunicó su resolución el día 22 de febrero a la banda. “Lo pensé mucho y muy profundamente porque era una decisión muy difícil de tomar”, reconoció en sus primeras declaraciones a la prensa, “En Maiden cada uno siempre da el cien por ciento y estoy muy orgulloso de mi época con el grupo. Sin embargo, en estos últimos años me fui involucrando más y mas en otras cosas como escribir, mi carrera solista y mi familia, haciéndoseme progresivamente más difícil concentrar el cien por ciento en Maiden. Esto es injusto para el público y más aún para el resto de la banda. Por eso finalmente tomé la decisión de seguir ahora mi propio camino en vez de agriar la gran relación que tengo con el resto de los muchachos. Me pareció lo mejor decirlo antes del tour para darles todo el tiempo necesario para encontrar un nuevo cantante y también para darnos una gran despedida en este tramo final de los próximos meses. Estoy esperando ansiosamente la gira y pondré el quinientos por ciento cada noche por última vez”.

Si bien nadie fuera del grupo se imaginaba algo así, sus cmompañeros tampoco parecen haber estado en condiciones diferentes cuando les anunció la novedad y debe haberles sentado como un balde de agua fría. “Todo esto es un poco repentino”, comentó Steve Harris, “Dave, Nicko, Janick y yo mismo nos sorprendimos un poco, por decir lo menos. Pensé que Bruce se iría algún día para dedicarse a alguna de las otras cosas, pero no tan pronto. Comprendemos lo que quiere hacer y respetamos sus razones. De todos modos, admiramos su coraje para hacerlo ahora. Podría haber esperado hasta después de la gira o incluso hasta después del próximo álbum, lo cual hubiese sido una contrariedad mayor para el grupo si es que no iba a estar completamente focalizado en Maiden. De este modo, podemos salir de gira con Bruce al frente por última vez, realmente dar caña y pasarlo bien”.

Suspicacias aparte, parecía como si Bruce hubiese estado esperando el alumbramiento de un álbum reivindicatorio como “Fear Of The Dark” para dejar la banda en el momento más feliz, con la mayor dignidad posible. Hacerlo después de un moderado traspié como el que había representado “No Prayer For The Dying” habría equivalido casi a un suicidio, si es que por entonces ya alumbraba el germen de esta voluntad de abandonar su puesto. Hay que tener en cuenta que su segundo disco solista ya estaba listo cuando estos eventos se produjeron.

Sólo con el tiempo llegó a traslucirse alguna nota agria del tipo: "Supuestamente, hacía mucho que no se sentía bien con nosotros, estaba cansado y creativamente desmoralizado, lo cual es muy raro porque jamás nos dijo nada. Si se sentía así, entonces tendría que haberse ido antes y yo mismo le habría aconsejado que se fuera”. Pero siempre dentro de los límites de la cortesía profesional y el decoro. Teniendo en cuenta el triste espectáculo que dieron los Judas Priest cuando Rob Halford se alejó de la banda, con mutuas acusaciones e insultos, y aun declaraciones reñidas con el buen gusto, el rompimiento de Maiden con Bruce resultó un dechado de mesura en comparación.

La gira europea, la última gira con Dickinson, se iba a desarrollar entre marzo y mayo, comenzando en Portugal y finalizando en Belfast. El ultimísimo concierto se transmitió secretamente desde los estudios Pinewood de Buck (UK) sólo para un público de alrededor de setecientas personas invitadas (parte de las entradas fueron para el club de fans y para concursos relizados en programas de radio y TV). Ocurrió el 28 de agosto. Una fecha para no olvidar. El show fue ofrecido en directo por televisión codificada a varios países y retransmitido en toda su extensión una semana más tarde por la BBC. Eventualmente devendría en el video home “Raising Hell”, que los fans pudieron adquirir en tiendas a partir del año siguiente. El ingrediente más llamativo fue la participación del ilusionista de horror Simon Drake como virtual maestro de ceremonias. Sólo que en lugar de una historia contada a través de los efectos teatrales, la impresión era más cercana a la de un show de Maiden con trucos de magia en los intervalos de las canciones. Mucho de su oficio consistió en sacrificar de manera grotesca y sangrienta a sus atractivas asistentes o aun a ciertos miembros de la audiencia por faltas menores como reclamarle temas específicos al grupo. En cierto momento, hizo trasladar a Dave Murray desde el escenario principal para cortarle los brazos, reinsertándoselos a tiempo para realizar el solo. El gran final consistió en liquidar al propio Bruce, aprovechando el simbolismo de la partida. Fue introducido en una “Doncella de Hierro” y masacrado convenientemente con los pinchos para mandarlo alegremente al otro mundo. Luego Eddie se encargó de decapitar el cuerpo y colocarlo en una pica, a la vista de todos. Por cierto que esta gente tiene ideas peculiares a la hora de definir el concepto de diversión.

Por el lado de la banda, enseguida que se supo lo de Bruce se movilizaron los managers, agentes y abogados. Como destacaba Steve: “Podemos buscar un nuevo cantante ahora y tendremos todo el tiempo de encontrar uno antes de volver al estudio a fin de año. El cambio siempre puede resultar positivo, y es obviamente algo a lo que estamos acostumbrados de todos modos”. La novedad del caso parecía ser el procedimiento. Todo aquel que estuviere interesado en tener su chance de convertirse en el próximo vocalista de Iron Maiden, ya fuese consagrado o un perfecto desconocido, sólo debía enviar cinta, biografía y foto a la dirección de Sanctuary Music. En los meses subsiguientes, los escritorios de la compañía desbordaron con las maquetas de los candidatos.

¿Pero era realmente tan así? ¿Estaba la oportunidad abierta para cualquiera?... Avanzado ya el proceso, Janick me comentaba en una entrevista telefónica: “Personalmente, creo que sería equivocado que Maiden buscara alguien que viniera de otra banda y ya estuviera consagrado. Iron Maiden no es el tipo de banda que pueda elgir un cantante ya conocido. La posición en la que estamos ahora es similar a la de Deep Purple antes de encontrar a David Coverdale, más o menos, eligiendo a través de demos. Creo que necesitamos encontrar a alguien que se enganche con la banda, que tenga nuestra misma actitud, que sepa que esto es Iron Maiden, esto es lo que hacemos, ¡tómalo o déjalo! No podemos tener a alguien que nunca cantó ante público antes, porque nuestras audiencias necesitan de un cantante que las pueda manejar, guiar, en el mejor sentido de estas palabras, y no podemos tener a alguien que no sepa lo que es estar en una banda, aunque tenga la mejor voz del mundo. Tendríamos muchos problemas. Coverdale, por ejemplo, había tocado en varios grupos y hecho varias actuaciones, sólo que no lo había logrado con un grupo muy importante, pero tenía un cierto fogueo. Sería genial darle la oportunidad a algún tío joven. A mí me pasó algo similar, pero antes de entrar en Maiden había tocado con Gillan, por ejemplo, y también tuve mi oportunidad. Yo sabía lo que era tocar ante 60.000 personas. O sea que con Maiden no fue tan diferente salvo por el hecho de tener que tocar junto con otro guitarrista, que nunca lo había hecho antes que con Dave Murray. He sido muy afortunado”.

Para fin de año el ambiente se había recalentado, porque el presentimiento de una revelación inminente tenía a las revistas (sobre todo a las británicas) tejiendo las conjeturas más elaboradas y haciendo apuestas acerca de la identidad del elegido. Por aquel entonces, internet todavía estaba en pañales; ¡de lo contrario, los foros hubiesen ardido!... La banda prevenía cualquier indiscreción herméticamente. Con todo, las elucubraciones de los medios eran de por sí más que temerarias.

Tomemos algunas de las hipótesis más comentadas durante aquellos días por la revista Kerrang!, apenas unas semanas antes de conocerse la noticia definitiva. Según la redacción, había por lo menos cuatro candidatos con chances serias:
1) Michael Kiske. El alemán había explotado con Helloween y sus dos partes del “Keeper Of The Seven Keys”, iniciando una pequeña revolución cuyo crecimiento con el tiempo apenas hoy somos capaces de reconocer cabalmente. Quedaba claro que su mejor carta era la voz misma; Kiske podía competir con Dickinson en caudal, versatilidad y agudos, y ya tenía deslumbrada a la escena mundial con su aparición. Sin embargo, tenía una contra que para algunos resultaba decisiva. No era inglés. ¿Se presentaría Iron Maiden con un cantante no británico? Parecía poco probable. Recuerdo haber charlado con André Matos, el vocalista de los brasileños Angra (hoy en Shaman), que había audicionado también para la oportunidad y se hallaba en condiciones similares a las de Kiske: buena voz, gran oficio, dotes compositivas interesantes... Pero me abrió los ojos al respecto. A la hora de hacer flamear la Union Jack, la bandera inglesa, durante el clímax de “The Trooper”, un sudamericano o germano luciría más desubicado que un turista en zona de combate.
2) Steve Grimmett. El cantante de Grim Reaper tenía también en la voz su mejor carta. El disco que había grabado con los thrashers Onslaught, "In Search Of Sanity", había resultado una verdadera joya y probaba que estaba a la altura de todos los estilos. Su nueva banda, Lionheart (no confundir con la de Clive Burr, de nombre parecido), más emparentada con el hard rock de un Whitesnake no terminaba de despegar, sin embargo. Con él no había problemas de nacionalidad. No sólo era inglés, sino además un miembro prominente de la NWOBHM. Pero... Había un pero. Para entenderlo, basta con mirar una foto del sujeto en cuestión. Estas cosas nunca se dicen y no obstante uno tiene la intuición casi infalible de que se pueden pensar lícitamente: luego del atlético y gallardo Bruce Dickinson, ver al frente de Maiden a un tío gordo, con los dientes separados y dueño de una catadura estética de lo más desafortunada, podía resultar, cuando menos, chocante.
3) Paul Di'Anno. El antiguo vocalista de la banda continuaba a los tumbos su discreta carrera solista, y por supuesto que la vacante dio pie para que los fans más viejos y recalcitrantes especularan sobre una ridícula posibilidad de reintegrarlo en las filas de la Doncella. Por supuesto, nadie podía tomar seriamente esta proposición. Para Maiden habría significado un retroceso inaceptable y al mismo tiempo una apuesta descabellada por la falsa nostalgia.
4) Blaze Bayley. Inglés, joven, ambicioso, con una reputación de frontman aguerrido en el circuito de clubes y aura de estrella emergente, también su nombre sonaba mucho. La revista Kerrang! lo daba, curiosamente, como favorito. Se desempeñaba como cantante de Wolfsbane, una banda de las muchas que estaban saliendo por la Inglaterra de aquel entonces, igual que Thunder, The Almighty, Skin, Little Angels y tantas otras. Tenía tres álbumes en su haber y un cuarto en camino que se anticipaba como consagratorio; el primero acusaba un cierto sabor rebelde a Van Halen, pero los demás iban encontrando su propio estilo. La voz de Blaze era opaca pero sólida, nadie podía prever con acierto entonces cómo podía quedar unida a las cabalgatas vertiginosas de Maiden y mucho menos lo que podría brindar a la perspectiva de las nuevas creaciones.

Excitación. Aliento contenido. El jurado procede a abrir el sobre. Los micrófonos están listos.

And the winner is... BLAZE BAYLEY.

 
 
 
 
 
 

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